Presiento la queja de mi perro cuando llego a la casa, quiere que le haga cariño. El hombre escucha a su mujer refunfuñando desde el baño, el maquillaje no le ha quedado bien, o quizás le ha llegado el período, pero ninguna de las dos es cuento nuevo (el no sabe que ella ve las fotos de su hijo muerto hace años, no refunfuña, llora en verdad).
El hombre acaricia su perro y la mujer llora. El hombre tiene de qué preocuparse, pero está con su perro. Para qué pensar en los audífonos o las nubes, si las fotos están en el baño (anda a saber tu por qué las puso ahí, para tener el martirio todas las mañanas... para humedecer su rostro pálido y seco al despertar... anda a saber tu). El hombre espera, su perro se fue a tender por ahí en el patio, la mujer encuentra más fotos, los mirrors no le sirven. El hombre la saca del baño a la fuerza, ella se resiste, grita como si la aguja con la que suele coser le penetrara la sien. El hombre actúa con admirable frialdad, el perro se ha exaltado también, ella lanza combos, patadas, gritos sin fondo. Ahora la mujer solo mira el cielo.
El hombre se percata de la existencia de las fotos al ir hacia el baño... a diferencia de su ex-mujer, él las mira con indiferencia, con asco. Las rompe y se las come. A posteriori, se auto-produce el vómito, y ahora ve las fotos con gran placer. El perro acaricia al hombre, la mujer busca respuestas en el cielo... “qué pena, pobres personas que quieren ser humanas” piensa el perro. Tu inhumanidad no cabe aquí, dog, pues…este… eres un perro, para ti es mas fácil.
(Eso dirían todos, ¿no?. Par de imbéciles y la puta que los parió.)
atte. *le dog.