2010-11-15

La arena y 10

Muchas veces te alcanzas a dar cuenta cuando ya lo tratas de imitar, los animalitos solo observan. ¡No son tontos eh!
Movimiento uniforme y vamos de nuevo. No sirve así. La otra vez pensé (cangrejo y todo) y miré:

"No necesitas la arena de la playa para sentir la caricia entre tus dedos. Hay arena en todas partes, donde sea que mires. Que tu mente cangrejo haga que tus ojos cangrejo se fijen en lo que todo cangrejo ve, bueno... por los demás, que no existieran los límites. Por mi, te regalaría toda la arena del mundo, serías un cangrejo distinto, creo yo."

Unos nacen y otros se hacen, se bien hacen, se mal hacen. Nota: evitar a las arañas, son de 8 si, pero mal hacen.
Qué ganas de haberlo sabido antes.
Qué no ganas de ver como reemplazas el viejo caparazón.
Quédate ahi, ya pasará.





Quiero volver a leer los gustos.. cantarte una nube, y tenerte frente a mi.

2010-11-07

Lección nº 3

No son las cartas, sino el cómo las juegas. Pero cometiste el error de mostrar tu mano... y el mazo, y las de la mesa. ¿Inocente?.

Culpable, señor.

...En tu caso, si son las putas cartas.

Permiso pero, yo prefiero las seis cuerdas.

2010-11-03

¿Le parece...

..adecuado que le busque un espacio más a lo que ya está lleno?
..normal ver como el desgraciado cojo gira ante sus ojos?
..que la inocencia producida por la segunda pregunta le haga grabar cassettes mal hechos?

¿Y para qué me tomo la molestia en preguntar?

2010-11-02

Storymirrorboard


Un espejo frente al montón de hojas. Mírense, cada detalle, cada línea y lo que hablan. Las observo un momento, como disfrutan y ríen, desagradablemente. Ordenadas minuciosamente, listas para evolucionar. Repentino, un soplo desde la ventana y un dolor de cabeza de los mil demonios. Miles de bosquejos escondidos unos tras otros en el piso, bajo la cama, arriba del closet… pero ninguno logró salir. “¡Qué curioso!” pensé, siendo que la puerta estaba abierta al mundo para ellas. Volví a sentir una punzada en la sien mientras trataba de lograr el orden de las hojas. Levanto la mirada hacia la ventana y grande es mi impresión (tardía también) cuando un tornado, sin permiso alguno, ingresa a mi habitación adornándola de un hermoso caos, con un toque de dulces sonidos víctimas de la gravedad. La alfombra retiene las ganas de despegar mis rodillas, fue lo primero que noté. Sin pensarlo claro, porque en verdad no quería pararme, más allá de poder. Mi cabeza a punto de explotar y la inminente agitación de los sentidos. Las hojas danzando a mi alrededor, haciéndome recordar lo que viví, lo que ya vivimos, lo que repites sin consciencia alguna. Y al igual que tu, los papeles obvian la experiencia y niegan sus risas detestables.
Después del pequeño percance, desperté con los papeles perfectamente apilados en el escritorio, y a mi alrededor estaba todo en su lugar. Solo al lado de mi cabeza, encontré el papel que faltaba en el baile, uno que en verdad si logró salir por la puerta, mirar al mundo, reírse de él en su cara y volver conmigo. El dolor de cabeza se había ido y ahora podía razonar mejor, gracias a esto me sorprendí con la actuación del ausente papel. Mi querido y nuevo amigo había cerrado la puerta, y quizás (junto con el taladro en la sien) que otras cosas había hecho. Preguntas sin respuesta, historias sin fin, tornados subversivos y papeles danzarines. Juntos hacen un tatuaje en mi pupila, justo al lado de la otra, la de la perilla, esta vez, con la llave puesta sin posibilidad de ser girada.

Lección nº2


Han sido detonados por el interruptor bajo sus sienes. Años de caminar y caminar mirando el vacío, buscando destellos, tejiendo un chaleco (de lana), buscando tesoros en el suelo y soñando en lo que está a la vuelta de la esquina. Precisamente en ese lugar tan mundano fue donde se hallaron frente a frente,  justo cuando el tropel de gente se congeló, las bocinas se silenciaron y el perro se salvó de morir contra su eterno enemigo de cuatro ruedas (coincidencias). Comenzó el drenaje esperado, llevándoselos por la alcantarilla.
Favor presionar el interruptor antes de salir, gracias.

Tarde de Máscaras


Vi como la señora inclinó su cabeza tiernamente en el pecho de su padre, o abuelo quizás. No sé, el hombre era de edad, se los aseguro. Yo caminaba hacia el paradero con los pensamientos flotando en otro lugar, y fue esta la escena que me trajo de vuelta a los pasos que venía dando ya hace un rato por la vereda, mientras mi cara esbozó una sonrisa, casi involuntaria. Ahora, sumergido en la historia tras la señora y aquel viejo, ese otro lugar era como esas tiras cómicas que leía de pequeño, cuando me iba a dormir. Cuadro por cuadro, y la mirada vacía (en otro lugar, podríamos decir). La micro que se acercó para llevarme a mi destino me trajo de vuelta al suelo que yo había olvidado, se encontraba bajo mis pies. Subí, y con la dificultad típica tomé asiento. Al partir, sentí la necesidad de mirar a la esquina contraria donde se encontraban, aún abrazados y el actuando de almohada, todavía. Ya cuando avancé unos metros y no logré divisarlos más, su imagen pasó frente a mi durante todo el viaje, con el detalle de que reemplacé sus caras, por máscaras. Las máscaras más próximas a mi infancia, las que no conocí nunca en realidad, las que creé basado en fotografías, historias de mi padre, madre y simple imaginación. Pensar en que tengo todo eso a la mano, aquí, a unos pasos, en el mueble ese de ahí, que está al lado de la mesa. ¿Más preciso?, tercer cajón de izquierda a derecha. Sí, más que claro. Y si, aún así ver esos cuadros mientras me dirijo a vivir, son los que me hacen pensar en el pasado, ese pasado que no está en ninguna tira cómica o pintura, no sé, pero que me hubiera gustado estar allí
No es frecuente, mañana iré a tomar otra micro para realizar otro viaje, muchas otras señoras se apoyarán en el pecho de sus padres, o abuelos y yo tendré máscaras de sobra. Entonces regresaré, miraré el mueble, pero no lo abriré. Saludaré a los pequeños, los alzaré y reiremos; y sus tiras cómicas, las tendré en mi pecho.

Lección nº1


No solo basta con que tu dentadura me mire de esa manera; no me basta con que la boca de la botella se encuentre con la mía en un fugaz pero pretencioso beso; no me sirve desechar esa hoja, si luego veré como la despliegas ante mi, junto con ese aroma que me despierte y reproduzca la película que nunca logró tener proyector alguno. A ese cuadro no le alcanza para mantener dentro de él la mar de imágenes que concentra solo en cuatro paredes.
Pero… mis ojos son más conformistas. Ellos beben el aroma mientras saborean la mejor de las películas, en una sala oscura, proyectada en ti.