2013-08-07

El distraído

Voy a suponer que se dice que uno escribe en cualquier momento del día, cuando le llega la inspiración, cuando se está alegre, triste, enamorado, destruido mental, física y socialmente (tranquilo, siempre puede ser peor, y eso es una mente positiva). Yo escribo cuando lo necesito, cuando hasta a la música le cuesta traducir lo que quiero decir (complicado, pero aún así la amas, típico de uno) y cuando ya en verdad hay que proceder.

El otro día desperté y cometí el error de no sentarme a escribir inmediatamente, lamentablemente olvido muy rápido los sueños que tengo la noche anterior (o afortunadamente). La noche recién pasada fue distinta, fue pesada y ahora me encuentro aquí, luego de haber dormido tan sólo un par de horas, sin soñar absolutamente ninguna mierda y tener un pésimo despertar.

Trataré de ser lo menos claro posible:

Vuelvo a pensar en los espejos y en cómo será la imagen que refleje hoy, la pantalla del teléfono basta en ocasione. Primer intento fallido. Ahora bien, sé que no estoy muerto, y tampoco me ha mordido un vampiro, así que debe ser algo más. Algo más aburrido claramente, estar muerto o tener alitas le daría más emoción a todo esto, pero bueno. Yo decía que… sí, debe ser algo más. Fallo en los 2 próximos intentos, en aquel espejo gigante, y en el otro del baño. Ahora ya deja de ser divertido totalmente. Me distraigo, un té para tres sería una buena opción. O quizás no. No sé, me equivoco mucho. Me duele el estómago, y no tengo hambre, ni he comido. Tampoco me veo en el espejo, sigo sin trabajo y el día no tiende a ser irregular, por desgracia. Ya perdí el hilo de todo, fue todo muy rápido (todo, todo). Coróname, ponme esa corona que debería ser mía hace mucho tiempo. Y es que quizás es verdad, quizás siempre estuvimos. Quizás no es ahora, espero no equivocarme. Pero hay más espejos, y las palabras pesan. Forzar el espejo es mala idea, limpiarlo es buena idea. ¿Qué es lo correcto? Tratamos de determinarlo y actuar en base a eso, esperando que sea lo mejor. Así será. Tengo frío, mi habitación es tan helada en invierno, y tan calurosa en verano; si hubiese nacido conmigo los astros la ayudarían más (aunque mi balanza esté un tanto dañada hoy por hoy).

Trato de ser lo menos claro posible, y por lo mismo, no sé como cresta terminar esto, si cerrarlo abruptamente sin previo aviso, buscarle un final más elegante o una frase en cursiva dándole ese toque tan inútil pero que el mundo piensa es hermoso. Ya no puede ser lo primero, ni lo segundo, esto nunca fue elegante, así que… no, tengo seguridad en que todo marchará mejor. Por ahora, los espacios vacíos seguirán vacíos, pero sé que estás ahí… sabiendo eso, que se rompan los espejos. Si hasta tropezándome y cayendo con el rostro directo a un pantano, me podré ver de igual manera, distorsionado, sucio, loco. Pero sólo sabiendo eso. Qué bueno es saberlo.

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